viernes, 8 de junio de 2007

10 días, mi primera historia

Una semana demoré en besarla, no era porque lo quisiera, sino porque me parecía imprudente y poco adecuado en los lugares en los cuales nos encontrábamos fugazmente. La verdad era que quería coger con ella estaba loco, encaprichado, me apasionaba mirar su cuerpo y pensar en su piel, sus pechos que hacía poco habían amamantado, su pelo crespo olor a miel.
Nunca había enganchado con una mamá. Y ella tampoco con un tipo comprometido.
Esa noche nos encontrábamos en una fiesta, cada cual en su grupo, sin la menor sospecha de los presentes, ya llevábamos más de 10 días juntándonos, en cafés, en lugares oscuros donde reina el desorden universitario, habábamos horas por teléfono, fue explosivo y contundente, no había nadie ni nada más que ella en mi. Sólo una mirada cómplice bastó para desaparecer en una de las piezas de aquella casa, muchas piezas lo recuerdo claramente, no encontrábamos la correcta. Ésta no cierra, a esta le da el pasillo por donde todos pasan, por fin una dentro de otra, era como rara, como un sub pieza. Recordé que había visto un montón de colchonetas en una de las piezas que ya habíamos recorrido, volví a buscarla y listo, en tres segundos estábamos casi desnudos, fue todo muy rápido, ahora me arrepiento de no haber ido descubriendo poco a poco aquel cuerpo, que por fin estaba bajo mío. Vuelo a ese instante, mi miembro esta a punto de explotar, duro como un palo, mojado en su cabeza. Pensé que iba a ser uno de aquellos días en que te quieres morir por tu desempeño en la cama. Hacía varios meses que no tenía sexo, por lo que estaba ansioso, casi desesperado.
Comencé a descubrir tatuajes por doquier, 7 en total. Unas rosas en su muñeca que ya conocía, una mariposa en su cuello que alguna vez había divisado en uno de sus encantadores movimientos de pelo, otra mariposa muy insípida en su estructura, se abría de alas al final de su espalda, justo encima de aquellos cachetes endemoniados, las iniciales de su hija en el tobillo entremedio de unas espinas me dejaron por unos segundos pensando sobre su vida tan diversa, veterinaria, separada, hija de exiliados, nueva en el barrio. Mi legua recorrió todos los lugares imaginables, bebió de sus jugos azucarados, y mordió aquellos pechos de aureolas oscuras. No aguantaba más cuando me agarraba el culo y empujaba hacia ella, me sentía incómodo de no saber si podía responder a tanta exigencia, mi pene me dolía ante tanta brusquedad, ella desesperada me pedía más, más duro, con más fuerza yo trataba de encima de ella de entrar todo lo que podía, a la larga uno no es un actor porno. Dos horas perdidos, nuestra primera relación terminó con las manos apretadas y un beso que apagaba los gritos, yo sobre ella, sus piernas cruzadas en mi espalda, y todos nuestros vellos púbicos mojados de sudor y jugos. Lamió mi pene, me lo limpió de arriba abajo, sólo bastaron unos minutos para tenerlo nuevamente duro y listo para otra batalla, la verdad es que no estaba acostumbrado a la continuidad que se estaba dando, pero ella había logrado despertar aquella necesidad de hundir nuevamente mi porción dentro de ella. Sentía su fondo y sus pequeños gritos me indicaban que tocaba precisamente aquel punto que la hacía volar. Esta vez ella dominó la situación, siempre arriba, acabamos a los pocos minutos, fue más corto, pero el dolor debajo de mis testículos, indicador de un orgasmo de excelencia demostraba que sus movimientos eran los correctos. Nos levantamos, nos abrazamos y salimos a fumar un pito, el mismo que habías dejado hecho hacía diez días atrás cuando mirábamos las luces de Coquimbo a lo lejos, era nuestro ritual que cerraba toda posibilidad de continuar, ella volvía a su vida, yo me iba al norte en busca de trabajo. El viento se llevó el humo y las figuras que se forman en la nada, tal como fueron esos 10 días, mis mariposas de humo vuelven cada vez que miro las luces a lo lejos.

2 comentarios:

Agustina dijo...

¿Quién eres? ¿Porqué soy la primera en leer?

Respecto del relato... fascinante, embriagador, pero no tan excitante jajaja ¿sería por la rapidez del encuentro?, como sea... me gustó!

C. dijo...

Reconozco sus fotos, o me equivoco?
;)